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martes, 3 de enero de 2012

Me quieres, lo sé

+No me gustas, nunca lo hiciste, era todo una farsa.
-No estés tan seguro de ello.
+¿Por qué lo dices?
-Porque hubo algo en todo esto que te salió mal
+¿Ah, si? ¿el qué?.
-Que… con el tiempo te enamorste de mi.
+ Eso no es verdad.
-Si tú lo dices…
+Simplemente necesitaba una mujer y aparaciste tú. Pero si eres tan lista y crees que algo me ha salido mal, ¿qué ha sido?
-Lo que tienes a tu lado es más bien una niña, y muy astuta. Sé como ponerte tonto, y cuando lo hago la cara de enamorado que se te queda te delata.
+No sé qué tienes de astuta… pero sigue, a ver cuantas más fallas.
-Si es una farsa. ¿Por qué sonries?
+Nunca dejo de fingir.
-Y tu cara de atontado…
+Es una actuación continua.
-Ya. Y, ¿si no te gusta, por qué por las noches no puedes dormir? O ¿por qué lees sus mensajes una y otra vez? O ¿por qué sigues sonriendo?
+Pesadillas y mala costumbre de leerlos. (Sonríe) Las estás fallando todas…
-Si me lo dijeras con cara de indiferencia podría habermelo creído.
+Es que soy así de simpático, siempre sonrío.
-Es normal, la gente sonríe… pero cuando se te iluminan los ojos y estás relajado pero a la vez nervioso…
+Es parecido al síndrome de Estockolmo: la víctima se enamora del agresor. Es solo una enfermedad. Te quise utilizar y bueno…
-Podría ser. Pero sabes una cosa, las víctimas que padecen esa enfermedad nunca lo reconocen, y tú lo has hecho. No estás enfermo, al menos no de ese modo: estás enamorado.